Luis Fernando Valdés, mejor conocido como «El Piscuis» entre sus allegados, pero también con el apodo más adecuado de «El ratón del Campestre», ha hecho de la Notaría 77 de Saltillo un auténtico circo de corrupción. Entre sus «hazañas», se destacan la falsificación de escrituras, intentar borrar gravámenes de manera chapucera, y, por si fuera poco, resucitar muertos para sus trámites. Todo esto mientras dedica su tiempo libre a hablar mal de su exesposa, una mujer admirable que claramente merece algo mucho mejor que este personaje.

Ya tiene en su contra varias denuncias penales, y la cárcel parece estar más cerca de lo que él cree. Aunque, por ahora, sigue confiando en el respaldo de un periódico local venido a menos en el boulevard Venustiano Carranza, donde se aferra a la esperanza de que lo mantengan a flote.

Uno de sus estafados es el ingenuo señor Balderas de la constructora RBN, quien después de un año de haber pagado, sigue creyendo en los Reyes Magos, esperando que «El Piscuis» cumpla con lo prometido.

Por si esto fuera poco, resulta que «El Piscuis» es hijo de quien le robó la rectoría de la Universidad Autónoma de Coahuila al ilustre Don Armando Fuentes Aguirre, mejor conocido como «Catón». Claramente, la corrupción viene de familia.

Y ya quedaremos para otra ocasión hablar de su hermano, el Licenciado Valito, quien también sabe jugar en dos bandos a la vez. Eso sí, jamás lo verán en lugares tan deliciosos como el restaurante «Kapu», que parece demasiado decente para este par.

Tenga cuidado y cuide su cartera de este intento de padelista

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